Wednesday, June 10, 2026
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Datos validan hipótesis de que restricción al Tepozteco no es un capricho

Tepoztlán, registró picos de hasta 1,300 hectáreas afectadas por incendios en temporadas críticas recientes, donde la presión del senderismo y el turismo místico triplica la probabilidad de ignición en comparación con áreas de conservación estricta.

By Oswald Alonso Navarro , in Opinión , at 30 de enero de 2026 Etiquetas: , , , ,

Política para Cigotos | Oswald Alonso.- Mientras Tepoztlán acapara los titulares por su visibilidad turística, municipios colindantes como Tlalnepantla y Huitzilac operan bajo dinámicas similares pero con resultados distintos. En 2025, el denominado “Complejo Tepoztlán” (que integró incendios en parajes como Las Tirolesas y Llano de Morelos) demostró que el fuego no respeta fronteras administrativas ni turísticas. Los datos de la Comisión Nacional Forestal (Conafor)  y la Secretaria de Desarrollo Sustentable (SDS) de Morelos revelan una constante.

Tepoztlán, registró picos de hasta 1,300 hectáreas afectadas por incendios en temporadas críticas recientes, donde la presión del senderismo y el turismo místico triplica la probabilidad de ignición en comparación con áreas de conservación estricta.

En paralelo, el municipio de Tlalnepantla,  a pesar de tener una densidad forestal similar, su menor flujo turístico se traduce en una reducción del 40% en incendios antropogénicos (causados por humanos), lo que valida la hipótesis de que la restricción de acceso en Tepoztlán no es un capricho, sino un ajuste necesario a su carga demográfica flotante.

La ciencia del suelo es contundente: un bosque quemado es un bosque que “olvida” cómo absorber agua. En la zona de transición del Corredor Biológico Chichinautzin, el fuego elimina la capa de mantillo, exponiendo el suelo a la erosión.

Es necesrio decir que cada hectárea de bosque de pino-encino en esta región puede infiltrar hasta 2,500 metros cúbicos de agua al año hacia el acuífero de Cuernavaca y los valles del sur. Pero, con incendios, el suelo se vitrifica, creando una capa impermeable que provoca inundaciones y deslaves en las zonas bajas de la cabecera municipal, perdiendo el 80% de la capacidad de recarga hídrica.

Desde la perspectiva de la ecología política, la restricción de acceso al bosque de Tepoztlán, permite lo que los académicos llaman “Sucesión Ecológica Ininterrumpida”. Para especies paraguas como el Puma o el endémico Conejo Zacatuche, la ausencia humana no solo evita incendios; reduce el estrés acústico y la fragmentación de su hábitat.

Para muchos biologos e investigadores de los fenomenos, tener cerros cerrados es permitir que la biodiversidad recupere su derecho a la propiedad y un bosque sin el rastro del hombre es un bosque que está trabajando activamente en mitigar la crisis climática de toda la región.

La restricción a los senderos de Tepoztlán debe ser vista como una inversión de capital natural. No es una prohibición al ciudadano, es una tregua para el ecosistema. Si los datos nos dicen que el 90% de los incendios son evitables, cerrar el paso es la política de mitigación más barata y efectiva que existe por ahora. En 2026, la resiliencia de Morelos depende de entender que el bosque no es un escenario para nuestro ocio, sino el soporte vital de nuestra existencia. (Foto de Tepoztlán Pueblo Mágico)

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