Thursday, March 12, 2026
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Sí, cuidar los Ahuehuetes existentes pero también multiplicarlos en el sistema de barrancas de la ciudad

Si el Ahuehuete -el árbol que necesita el agua para ser “viejo”- se seca, nos está indicando que el sistema que nos sostiene está colapsando. Protegerlos no es un regalo que les hacemos a ellos; es un seguro de vida que compramos para nosotros mismos.

By Oswald Alonso Navarro , in Opinión , at 7 de febrero de 2026 Etiquetas: , , , , ,

Política para Cigotos | Oswald Alonso.- En la actual era del Antropoceno, donde las ciudades se expanden a costa de sus propios recursos vitales, la declaratoria de Árboles Patrimoniales en la barranca de Chalchihuapan representa un acto de resistencia científica pacifica y replicable. Cuernavaca, la famosa “Ciudad de la Eterna Primavera” -no sabemos por cuento tiempo-, se enfrenta hoy a un dilema existencial: su viabilidad futura depende de la salud de sus venas, es decir, sus barrancas y sus arboles.

El Taxodium mucronatum, o Ahuehuete, no es solo un símbolo nacional; es un ingeniero ecosistémico, han dicho estudiosos de la especie. Desde una perspectiva biológica, estos árboles actúan como reguladores bióticos de primer orden. Sus sistemas radiculares, profundos y extensos, cumplen una función mecánica esencial: estabilizan los taludes de las barrancas, previniendo la erosión del suelo en terrenos de alta pendiente y permitiendo la infiltración de agua hacia los acuíferos subterráneos.

Para comprender la magnitud de estos ejemplares, debemos observar los datos. Un ahuehuete adulto puede transpirar cientos de litros de agua al día, contribuyendo activamente a la formación de microclimas húmedos que mitigan el efecto de “isla de calor” urbana. Además, su capacidad de secuestro de carbono es masiva debido a su longevidad y densidad de biomasa, lo que los convierte en reservorios de carbono a largo plazo.

Además su hablamos de longevidad y resiliencia, son  capaces de vivir más de 1,600 años, han sobrevivido a fluctuaciones climáticas severas, lo que sugiere una memoria genética invaluable para la adaptación al cambio climático. Y si de  servicios ecosistémicos hablamos, estos árboles  actúan como filtros biológicos, reteniendo sedimentos y contaminantes antes de que lleguen a los cauces de agua, manteniendo la pureza relativa de las cuencas.

La crisis hídrica que acecha a las metrópolis mexicanas no se soluciona únicamente con pozos más profundos, sino con ecosistemas más sanos. Las barrancas de Cuernavaca funcionan como corredores biológicos que conectan el bosque templado del norte con la selva baja del sur. Sin la sombra y la humedad que proporcionan estos cinco nuevos “patrimonios”, el ciclo hidrológico local sufriría una ruptura irreparable.

Así que, la protección bajo criterios de un arborista certificado es el punto más lúcido de esta política pública ya que, Históricamente, el manejo del arbolado urbano en México ha pecado de “mutilación estética” (poda inadecuada). Entonces, al tratar a estos árboles con rigor técnico es reconocer que son infraestructura verde crítica, no mobiliario urbano.

Declarar a un árbol como “patrimonial” es, en última instancia, un reconocimiento de nuestra propia vulnerabilidad. Si el Ahuehuete -el árbol que necesita el agua para ser “viejo”- se seca, nos está indicando que el sistema que nos sostiene está colapsando. Protegerlos no es un regalo que les hacemos a ellos; es un seguro de vida que compramos para nosotros mismos.

No debemos de limitarnos a este tipo de acciones, es necesario proteger los Ahuehuetes existentes, sí, pero también es necesario generar campañas de plantación de los mismos en las barrancas y con ello multiplicar su existencia.

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