Desafíos del ecoturismo en cuevas y bosques
El caso de la Cueva de Ahuatepec, expuesto por el Comisariado de Bienes Comunales en Cuernavaca, ilustra este fenómeno con precisión desgarradora. Una cavidad natural, enclave clave para la regulación biológica local, ha comenzado a sufrir los estragos del senderismo desregulado.
Opinión de Oswald Alonso | El tránsito por el territorio silvestre nace de un derecho innegable: la libertad de desplazarse por bosques, cañadas, cuevas y ríos. El contacto con la naturaleza no es únicamente un ejercicio de recreación, sino un pilar fundamental para la salud mental, el desarrollo físico y la construcción de una ética ambiental comunitaria. Sin embargo, existe una frontera crítica —pero frecuentemente ignorada— entre el goce del espacio público natural y su consumo destructivo. Bajo el rótulo benévolo del ecoturismo, muchas veces se oculta una lógica extractivista que convierte a los ecosistemas en simples escenarios para la adrenalina o la fotografía individual.
El caso de la Cueva de Ahuatepec, expuesto por el Comisariado de Bienes Comunales en Cuernavaca, ilustra este fenómeno con precisión desgarradora. Una cavidad natural, enclave clave para la regulación biológica local, ha comenzado a sufrir los estragos del senderismo desregulado. La acumulación de desechos, la práctica del rapel sin protocolos técnicos ni ambientales, el uso desenfrenado de iluminación artificial que interrumpe los ciclos de vida y la introducción irresponsable de perros domésticos están desarticulando un microecosistema sumamente frágil.
Realizar estas actividades sin una perspectiva biocéntrica entraña graves implicaciones socioecológicas como por ejemplo, la alteración del refugio y fragmentación de los servicios ambientales, ya que las cuevas funcionan como recintos ecológicos de altísima vulnerabilidad y la introducción de perros genera un doble impacto: la posible transmisión de patógenos a la fauna silvestre y el estrés por depredación percibida. En el caso de los murciélagos —reguladores primarios de plagas de insectos y dispersores fundamentales de semillas—, el ruido continuo, la luz intensa y la presencia de mascotas provocan el abandono de sus colonias de crianza. Esto no solo diezma las poblaciones locales, sino que rompe la cadena de control biológico de la que dependen los cultivos regionales, han dicho investigadores de la UAEM.
Otro punto a considerar es la erosión física y degradación del microhábitat, los que saben del tema han escrito el anclaje descontrolado para deportes de montaña como el rapel altera la geología de las paredes rocosas, destruyendo líquenes y microflora especializada. A esto se suma el depósito de residuos inorgánicos que alteran la química del suelo y el agua por filtración.
Y finalmente, la privatización simbólica y mercantilista del espacio ya que convertir un santuario natural en un parque de atracciones sin normatividad despoja a las comunidades locales y ejidales de la soberanía sobre su propia tierra. Se contrapone así el derecho colectivo a la conservación frente al deseo individualista del visitante de “conquistar” la cima o la cueva.
Así que, caminar por la naturaleza sin cuidar su biodiversidad es un acto de soberbia antropocéntrica. El libre tránsito no puede ser interpretado como un derecho para el saqueo o la alteración del entorno. Un turismo verdaderamente consciente exige reconocer que el visitante es un huésped temporal en la casa de miles de especies.
Superar esta crisis no requiere prohibir el acceso al medio natural, sino subordinarlo a la gobernanza comunitaria y a la capacidad de carga ecológica. Si el senderismo y las actividades al aire libre no van acompañados de un código riguroso de “no dejar rastro”, de la restricción de mascotas en zonas de alta sensibilidad biológica y de un profundo respeto por los comités locales de conservación, el ecoturismo continuará destruyendo aquello que dice admirar. Un bosque o una cueva destruidos por el ocio son la prueba de que supusimos erróneamente que la naturaleza estaba a nuestro servicio, y no bajo nuestra responsabilidad.




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