Opinión | No hay segunda tierra donde refugiarnos
Política para Cigotos | Oswald Alonso. El medio ambiente no es un lujo estético, como ir la peluquería y pedir el corte de moda, no, ni un pasatiempo de ecologistas con binoculares o fotógrafos de naturaleza esperando al pájaro en su mejor posición, no. Es la infraestructura básica que hace posible la vida humana: el aire que respiramos, el agua que bebe un niño en Cuernavaca, la sombra de un pino en el Bosque de Agua de Morelos.
Política para Cigotos | Oswald Alonso. Hay quienes todavía piensan la Seguridad Nacional como un traje de traje y pistola: fronteras, ejércitos, satélites que vigilan cielos distantes. Pies de plomo porque el peligro ya no viene solo de ejércitos con banderas, sino de ejércitos sin rostro que toman la forma de incendios, sequías, suelos muertos y ríos traicionados, es decir, la verdadera frontera hoy está entre nosotros y la tierra que nos da vida.
El medio ambiente no es un lujo estético, como ir la peluquería y pedir el corte de moda, no, ni un pasatiempo de ecologistas con binoculares o fotógrafos de naturaleza esperando al pájaro en su mejor posición, no. Es la infraestructura básica que hace posible la vida humana: el aire que respiramos, el agua que bebe un niño en Cuernavaca, la sombra de un pino en el Bosque de Agua de Morelos.
Como recordaba la filósofa y activista Vandana Shiva, “no hay justicia social sin justicia ecológica”, ya que sin ecosistemas sanos, las sociedades colapsan, y con ellas las seguridades que damos por sentadas que tendremos siempre o porque ya no importará para cuando estemos metros bajo tierra.
Sin embargo, pienso que miramos hacia otro lado. En México, esa riqueza verde que Michael Pollan, en sus reflexiones sobre el metabolismo entre humanos y naturaleza, llamaría una “red viva de sustentos”, está bajo asedio. No se trata ya solo de la tala furtiva de antaño, sino del nuevo huésped voraz: el crimen organizado, que trata nuestros bosques como botín fácil, sin remordimiento ni plan de manejo. Bosques que eran pulmones hoy son ceniza y silencio. Todos los quieren pero no cuidar.
En Morelos, donde el bosque siempre fue el telón de fondo de historias, leyendas y agua que baja limpia por las montañas, la tala clandestina es una amenaza directa a la seguridad humana. Es mezquino pensar que la seguridad se reduce a armas o a muros; la verdadera seguridad es un suelo fértil, una cuenca hídrica intacta, la resiliencia de un ecosistema ante la sequía y el incendio.
Esto lo sabe el filosofo y sociologo Bruno Latour, quien en “Nunca fuimos modernos”, invita a repensar la división entre sociedad y naturaleza: somos parte del mismo tejido, plantea. Si cortamos el tejido, la sociedad se deshila.
El crimen ambiental no es menor cuando destruye un árbol: mata potencial de agua; no es menor cuando quema un cerro: fragiliza el clima local; no es menor cuando se ignoran corredores ecológicos: arriesga la soberanía alimentaria. Para terminar: La seguridad nacional y la seguridad ecológica, son ya sinónimos impostergables, lo que significa que un país sin bosque es un país sin reservas de vida; una sociedad sin agua limpia es una sociedad sin futuro.
Entonces, urge, pensar políticas que no desconecten al ser humano de la biosfera. Urge elevar la protección del medio ambiente a categoría de seguridad nacional de primer orden.Urge que la narrativa oficial y social suba de preocupación y coloquemos el tema del medio ambiente a una importancia mayor porque como lo ha repetido la escritora y científica Elizabeth Kolbert en sus crónicas del clima, no hay segunda tierra donde refugiarnos. También es necesario que el Estado, las comunidades, y la sociedad civil, deben reconocer que cuidar nuestras grandes reservas de bosque es cuidar la propia patria, uanque suene patriotero porque hacerlo sostiene la vida. Sin naturaleza la humanidad nada es.




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