El miedo a la verdad lo debe sentir el poder político, no los periodistas
Opinión | Política para Cigotos | Oswad Alonso- “Cuando lleves un bloc y un bolígrafo en la mano, quien debe tenerte miedo es el alcalde a ti”.
Aún recuerdo la sacudida que me dio, aquel texto del novelista y periodista Jose Pérez-Reverte en mayo del 2014. En su columna de El País, de España, analizó el papel de los periodistas que como nunca eran maltratados por el poder político. Lo recuerdo a propósito de que hoy se publicita que es el Día Nacional del Periodista en México y me rebotaron algunas verdades con las que coincidí con Pérez-Reverte.
En su columna el escritor español recordó que no es el periodista el que debe tener miedo al poder político sino que, “Cuando lleves un bloc y un bolígrafo en la mano, quien debe tenerte miedo es el alcalde a ti”.
Por lo anterior considera que todo el periodismo, su fuerza, su honradez, hasta su épica, se resume en esas magníficas palabras, en esa declaración segura de sí, casi arrogante, formulada por el redactor de provincias Pepe Monerri.
Y habló que en realidad quien tiene miedo es el poderoso: “El miedo. Miedo del poderoso a perder la influencia, el privilegio. Miedo a perder la impunidad. A verse enfrentado públicamente a sus contradicciones, a sus manejos, a sus ambiciones, a sus incumplimientos, a sus mentiras, a sus delitos. Sin ese miedo, todo poder se vuelve tiranía.
“Y el único medio que el mundo actual posee para mantener a los poderosos a raya, para conservarlos en los márgenes de ese saludable miedo, es una prensa libre, lúcida, culta, eficaz, independiente. Sin ese contrapoder, la libertad, la democracia, la decencia, son imposibles”, dice.
Porque en su opinión el poder y cuantos aspiran a conservarlo u obtenerlo un día no están dispuestos a pagar el precio de una prensa libre, y cada vez se niegan a ello con más descaro y basta ver, dijo, las ruedas de prensa sin preguntas, el miedo a comparecencias públicas, los debates electorales donde son los políticos y sus equipos, no los periodistas desde la libertad, quienes establecen el formato. Como si hubiera, además, que agradecerles la concesión.
También culpa a la prensa al considerar sumisos a los periodistas, y de los jefes de esos periodistas, que aceptan ese estado de cosas sin rebelarse, sin protestar, sin plantarse colectivamente, con gallardía profesional, frente a la impune soberbia de una casta a la que, en vez de dar miedo, dan, a menudo, impunidad, garantías y confort.
También recuerdo que en ese texto expresa que aún tiene futuro el periodismo, sobre todo en ese que pide cuentas al poder: “Esa es, y será siempre, la verdadera épica del periodismo y de quienes lo practican: pelear por la verdad, la independencia y la libertad de información pagando el precio del riesgo, en batallas que pueden perderse, pero que también se pueden ganar.
“Haciendo posible todavía, siempre, que un alcalde, un político, un financiero, un obispo, un poderoso, cuando un periodista se presente ante ellos con un bloc, un bolígrafo, un micrófono o lo que depare el futuro, sigan sintiendo el miedo a la verdad y al periodismo que la defiende. El respeto al único mecanismo social probado, la única garantía: la prensa independiente que mantiene a raya a los malvados y garantiza el futuro de los hombres libres”.
Así que, todas las felicitaciones por el Día Nacional del Periodista, son inútiles, cuando vemos un silenciamiento o auto silenciamiento, con el que deja de cumplir el periodista su compromiso social de hacer llegar a la población información útil que construye mejores ciudadanos.
Con todo, no dejemos de hacer que quien tenga miedo a la verdad sea el poder político, no los periodistas.




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