El derecho al paisaje frente al deber de conservación: El caso Tepoztlán
La restricción de acceso a los cerros y al Área Natural Protegida (ANP) El Tepozteco no debe entenderse como un acto de autoritarismo administrativo, sino como una medida de bioseguridad ecosistémica.
Editorial | La restricción de acceso a los cerros y al Área Natural Protegida (ANP) El Tepozteco no debe entenderse como un acto de autoritarismo administrativo, sino como una medida de bioseguridad ecosistémica. En Tepoztlán, el idilio místico que atrae al turismo se ha convertido en su principal amenaza: la “antropización” del fuego.
Históricamente, Tepoztlán ha sido cicatrizado por el fuego. Según datos de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), en años críticos como 2021 y 2022, los incendios en Morelos afectaron miles de hectáreas, con Tepoztlán como uno de los focos rojos debido a su topografía accidentada que dificulta el combate. En 2022, el incendio en el cerro del “Tepozteco” consumió cerca de 145 hectáreas en pocos días, movilizando recursos multimillonarios y poniendo en riesgo la fauna endémica.
Lo crítico no es solo la cifra, sino la causa: más del 90% de los incendios forestales en México son provocados por actividades humanas, ya sea por quemas agrícolas mal controladas, fogatas de excursionistas o colillas de cigarro, según la Semarnat.
Un bosque sin incendios provocados es una maquinaria de servicios ecosistémicos funcionando al 100%. Para Tepoztlán, esto significa una recarga de Acuíferos ya que un suelo carbonizado se vuelve hidrofóbico al repeler el agua. Sin fuego, la hojarasca permite que el agua de lluvia se infiltre hacia los mantos freáticos que abastecen al municipio.
Por otro lado, está la resiliencia de la Biodiversidad.Tepoztlán es hogar del conejo zacatuche, entre otras enpecies. El fuego fragmenta sus hábitats, obligándolos a desplazarse a zonas urbanas donde suelen morir.
En esencia la restricción de acceso al bosque de Tepoztlán es, un periodo de “cuarentena ecológica” y es reconocer que nuestra presencia humana, en la temporada de máximo calor, es un factor de riesgo que el ecosistema ya no puede resistir, dicho de otra forma es necesario una dura acción contra la terquedad de los visitantes.
Además, tenemos que pensar que la libertad de tránsito termina donde comienza el colapso del entorno que nos sostiene. Mantener los senderos cerrados durante las sequías extremas es una decisión energica pero necesaria, frente a la presión comercial y turística. Pensemos que un Tepoztlán sin incendios es un territorio que conserva su capacidad de producir oxígeno, regular el clima local y mantener la belleza estética que, paradójicamente, todos dicen amar pero pocos saben cuidar.
La realidad de hoy es que, la verdadera mística de estos bellos cerros hoy reside en su capacidad de recuperarse en ausencia del hombre.




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