Friday, January 2, 2026
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El periodismo puede ser faro, aunque el mundo parezca naufragar.

El periodista a veces escribe sin esperanza, pero nunca sin dignidad. Sabe que no trabaja para las élites, sino para el pueblo.

By Oswald Alonso Navarro , in Opinión , at 8 de junio de 2025 Etiquetas: , , , , , ,

Política para Cigotos | Oswad Alonso – Hay un tipo de periodista que no se sienta en la mesa del poder, aunque lo inviten con servilleta de lino. Ese periodista —pocas veces celebrado, casi nunca premiado— camina por la orilla de los acontecimientos, con los pies heridos pero los ojos despiertos. No escribe para agradar al director, ni para alimentar su ego, ni para subir de puesto. Escribe porque le duele el silencio que protege a los poderosos y le duelen más las voces que nadie escucha.

Ese periodista, el verdadero, carga con una brújula ética que no se alquila. Gabriel García Márquez decía que “la mejor noticia no es siempre la que se da primero, sino muchas veces la que se da mejor”. Y este periodista lo sabe: no corre por ser el primero en gritar, sino por ser el único en decir con verdad.

Se levanta cada mañana con una pregunta que le pesa en el pecho: ¿a quién le sirve lo que voy a contar? Si la respuesta es “a los que no tienen voz, a los que resisten, a los que esperan justicia”, entonces se sienta frente a su cuaderno, o a su computadora vieja, y empieza la batalla diaria contra la omisión, contra la propaganda, contra el olvido.

“Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás es relaciones públicas”, decía George Orwell. Este periodista lo entiende como quien entiende el fuego: sabe que calienta, pero también quema. Por eso ha perdido trabajos, amistades, espacios, incluso paz. Pero jamás perdió su columna vertebral.

Cuando la corrupción le ofreció un sobre, lo devolvió. Cuando el poder le prometió un asiento cómodo, eligió la banqueta de la calle. Y cuando alguien le dijo: “esto no lo toques”, fue ahí donde hundió la pluma con más fuerza. Porque si no se escribe donde duele, ¿para qué se escribe?

No es un mártir ni un santo. Tiene miedo, claro. Pero su compromiso es mayor que su temor. “No hay democracia sin periodismo libre”, dijo Ryszard Kapuściński, y este periodista camina con esa frase en el bolsillo, como quien guarda una brújula cuando todo alrededor es niebla.

A veces escribe sin esperanza, pero nunca sin dignidad. Sabe que no trabaja para las élites, sino para el pueblo. Que no reporta solo hechos, sino también ausencias. Que su lealtad no es con el gobierno ni con la empresa, sino con la verdad, incluso cuando duele.

Ese periodista —el verdadero— siempre camina solo. Pero nunca está solo. Lleva detrás de él las voces de miles que aún creen que el periodismo puede ser faro, aunque el mundo parezca naufragar.

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