Thursday, March 12, 2026
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El riesgo de una rutina institucional en la CDHEM

Próximo presidente de la CDHEM debe ser puente entre las víctimas y el poder, acompañante legal, moral y político que dé voz a las colectividades ignoradas.

By Oswald Alonso Navarro , in Opinión , at 11 de junio de 2025 Etiquetas: , , ,

Política para Cigotos | Oswald Alonso. Morelos no es solo un territorio de volcanes, ríos y vestigios históricos; es un escenario vibrante de tensiones sociales donde convergen la memoria colectiva y los desafíos del presente. En este contexto, la figura de un auténtico defensor de los derechos humanos —al frente de la Comisión Estatal— no es una formalidad, sino un ariete fundamental para proteger la dignidad y garantizar la justicia para las colectividades que habitan en el suelo morelense.

Pronto, muy pronto, habrá relevo en la presidencia de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Morelos, por lo que ahora más que nunca es necesario saber que ser defensor implica amplificar las voces relegadas a los márgenes: pueblos originarios, mujeres campesinas, personas desplazadas por violencia o desplazamiento forzado, comunidades en resistencia ambiental. Estas voces, cuando son escuchadas, evocan la urgente necesidad de “un público compromiso con la equidad y el reconocimiento”, tal como apuntó la abogada y activista Joan Scott al hablar de la memoria y las narrativas colectivas.

Percibo en el próximo cambio de la presidencia de la CDHEM una oportunidad histórica. Si se elige a alguien con legitimidad, coraje y empatía, Morelos podría marcar un camino ejemplar en la defensa de los derechos humanos; de lo contrario, el riesgo será seguir en una rutina institucional que logra recomendaciones, pero no transforma realidades y finge que defiende cuando en realidad solo protege -en el fondo- al poder que históricamente ha violado derechos de las colectividades.

En resumen, Morelos necesita un defensor de derechos humanos que combine autonomía institucional, compromiso colectivo y estrategias preventivas sólidas. La figura del ombudsman no puede limitarse a la recepción pasiva de quejas, sino que debe ser un puente entre las víctimas y el poder, un acompañante legal, moral y político que dé voz a las colectividades ignoradas.

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